SALVAR A ROMA CON RYSE: SON OF ROME

Ryse: Son of Rome

Me estreno en Dynamic Culture comentando un juego que aunque pronto cumplirá 3 años acaba de llegar a mis manos, Ryse: Son of Rome, exclusivo de Xbox One y PC. Si todavía hoy hay algo que perdura de este juego en el colectivo popular desde su salida no es su mecánica, su historia, su incursión en el género de romanos, ni siquiera sus gráficos increíbles, sino parte del hype que creó en su día y la decepción posterior.

Sí, Ryse es uno de los juegos que más hype (o ansia, como prefiero llamarlo yo) han levantado previo a su venta. Mostrado en el E3 de 2013 como el principal reclamo para dar el salto a la entonces nueva generación de consolas que se avecinaba, Ryse impresionó a todo el mundo por ser un título con un apartado técnico deslumbrante que traía nuevas formas de contar historias y una next gen prometedora. Tres años después resulta que ni una cosa ni la otra.

Escenarios Ryse: Son of Rome

Ya no se puede ni andar por Roma con tanto turista.

Ryse y el salto a la nueva generación

En primer lugar, el salto generacional no ha supuesto una mejora sustancial que justifique la inversión en nuevo hardware, ni en gráficos ni en jugabilidad. No hay más que ver la lista de lanzamientos de octubre de este mismo año para comprender que las compañías siguen apostando por la anterior generación 3 años después.

Y en segundo lugar porque Ryse finalmente no dio la talla. Esta vez no se debió a un downgrade gráfico (véase Watchdogs) sino a otras cuestiones. Pero personalmente, y aun así, tenía cierta expectación por jugar este título que tanto hype me creó en su día. Y además, es exclusivo para la One así que ya tenía dos alicientes, pero nada más. Y es que he leído críticas demoledoras que me habían alejado del mismo: que si es muy repetitivo, que no explota el online, que no tiene historia, que sólo son gráficos, que es aburrido, que dura 5 horas, etc. Pues bien, después de haberlo jugado al 100%, amigos y amigas, sus haters tenían razón.

¿Cómo se juega a Ryse?

Para empezar, Ryse es un juego que abusa de los quick time events. Bueno, más bien es un quick time event de 8 horas y media (el tiempo que me llevó  terminar su campaña en dificultad normal). Así, sin más. Todas las luchas contra los bárbaros, los enemigos romanos,  se basan en esta mecánica tan de moda por aquel entonces. Además, el cuerpo a cuerpo está enfocado al ataque de modo que la defensa (aunque llevamos escudo) es prácticamente irrelevante. Un pena, pues esto hubiera hecho más dinámicos los combates.

Cuerpo a cuerpo en Ryse

Azul pulsar X, amarillo pulsar Y. Una y otra y otra vez.

Cuando el enemigo está a punto de morir puedes darle una ejecución que, de realizarla bien, aumentará una de las 4 dimensiones del personaje: salud, foco (una especie de bullet time especialmente útil cuando estamos rodeados), experiencia (canjeable por mejoras) y fuerza. Esta ejecución consiste en pulsar X o Y según el enemigo se ilumine con un halo azul o amarillo respectivamente. Pero si fallas en la secuencia, no te preocupes, no tendrás bonificación pero acabarás igualmente con el enemigo.

Que digo yo que por lo menos el bárbaro podría haberte hecho un contraataque, no sé, algo más de emoción, pero qué va. Y así todas las luchas desde la primera a la última ya que las mejoras que vas consiguiendo son casi estadísticas, no nuevos movimientos o habilidades interesantes para la lucha. En mi partida fueron 774 muertes, así que imaginad todas pulsando 2 botones. ¿No podían haberle dejado al jugador la libertad para hacer un combo en condiciones? Es que ni siquiera hay un final boss decente en ninguna de sus ocho fases.

Batalla en Ryse: Son of Rome

Tres contra uno, ¡Qué emocionante! ¬¬

No, sólo tenemos combinación de dos botones en una animación de quick time event lenta que rompe la acción del juego y que tras 20 ejecuciones está manida y aburre. Y ese es un gran problema en un juego, que aburra. Porque Ryse no es que sea repetitivo, como he visto en muchas críticas, es monótono que es distinto.

El género hack and slash ¿repetitivo?

Hay juegos repetitivos, que siempre tienes que hacer lo mismo, como ocurre con la mayoría de hack and slash. Pero suelen tener elementos que evitan caer en la monotonía. Por ejemplo un power-up, magias, combos encadenados, mejoras en el combate cuando subes de nivel, etc. Detalles que, dentro de una mecánica muy concreta, le dan riqueza y mejoran su experiencia. Y mira que Crytek, desarrolladora de Ryse, tenía grandes referencias para inspirarse, por ejemplo God of War o Devil May Cry.

Ejecuciones en Ryse

¿Por qué no podemos ser amigos?

Pues no, Ryse no tiene nada de eso. La primera y la última de las más de 700 ejecuciones del juego pueden ser idénticas. Sin haberlas contado, no creo que haya 6 ejecuciones distintas. Eso sí, la factura técnica de las mismas en cuanto a los gráficos se refiere las hace espectaculares y en los primeros instantes de la partida es lo que más impresiona al jugador, eso y unos efectos de sonido muy logrados.

Un poco de venganza y muchos teraflops

Respecto a la historia poco o nada que comentar. En ese sentido es un juego pretencioso que intenta tratar temas como la traición, la lealtad, la venganza o el patriotismo. Pero lamentablemente no lo consigue. No transmite nada de eso, no hace que te cuestiones nada, no tiene momentos verdaderamente épicos cuando precisamente busca eso, lo épico. Es plano, vacío, una vez más, aburrido. Nunca tienes esa maravillosa sensación de sentir que algo empieza a ponerse interesante.

Encima el personaje no camina, corre (cuando no esprinta), lo que hace que vayas como con prisa por llegar a algún sitio dentro de su historia lineal que, por lo demás, ni llega a interesarnos. Vas corriendo a todos lados y casi ni puedes pararte a contemplar los escenarios. Algo que a mí particularmente me gusta hacer y que desluce un juego con un apartado gráfico brillante que, con un protagonista puesto de Red Bull, desaprovecha un trabajo tan cuidado por el detalle en pantalla.

De esta manera, la libertad para moverte por el escenario está muy limitada. Por ejemplo, tenemos paisajes preciosos con arquitectura romana que nos deja con la boca abierta: acueductos, fortalezas, canteras romanas, puentes, torres y por supuesto, la joya de la corona, el Coliseo, donde cómo no, habrá una sesión de circo romano donde nosotros seremos el cebo. Pero pasamos por ellos a toda leche sin casi mirarlos ni para buscar los coleccionables (pergaminos, vistas y crónicas) que no aportan absolutamente nada a la historia.

El Coliseo

Aquí… en Roma, a punto de entrar al concierto de Coldplay. #postureo #coliseo #vivalavida

No obstante, si añadimos sus fases por el bosque tanto de día como de noche o desembarcos en la playa con batallas donde hay acción frenética en pantalla, solo entonces tenemos una verdadera razón de peso para jugar a Ryse, el apartado gráfico y puntuales batallas con múltiples enemigos. Esa es su razón de ser, transportarnos a la Antigua Roma y apabullarnos a nivel visual como si de una demo técnica se tratara.

¿Salvar a Roma o a Xbox One?

Marius en Ryse: Son of Rome

Marius observa en el horizonte cómo se hunden las ventas de Xbox One por su culpa.

De hecho, uno se pregunta si Xbox One hubiera tenido mejores ventas si su juego estrella de lanzamiento, ese portento gráfico llamado Ryse: Son of Rome hubiera estado a la altura de las circunstancias con una implementación buena del malogrado Kinect. Con un juego que hubiera supuesto el inicio de una nueva e ilusionante franquicia dando paso a la nueva generación de consolas. Pero no, Ryse no cumplió con las expectativas. Aunque también es cierto que PS4 llegó con un muy hypeado Killzone Shadow Fall que hoy nadie recuerda y con todo Sony controla el mercado.

En definitiva, y para ser justos, Ryse es un juego disfrutable. Mediocre en muchos sentidos (desde luego no en el apartado técnico), pero que yo recomendaría como juego transición si acabas de terminar un título largo (esos de mundo abierto de 50 y muchas horas) y te apetece descansar de partidas densas y absorbentes o también si eres un jugador de perfil más casual. Más allá de eso, y aunque no está mal para un fin de semana se trata de un título que aporta poco.

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