SHANGRI-LA: EL PARAÍSO ¿DE LOS TÓPICOS TRASNOCHADOS?

Shangri-La Meka
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En 2017, Dibbuks publicaba el álbum europeo Shangi-La, de Mathieu Bablet. De esta obra se ha dicho que es el mejor cómic de ciencia ficción de 2017 o que está a la altura de V de Vendetta. Veamos cuánto de cierto hay en estas afirmaciones (siempre según la opinión del abajo firmante).

Ciencia ficción ¿del siglo XXI?

Shangri-La portadillaEn un futuro lejano, post-apocalíptico de cientos de años, la tierra ya no es habitable y un pequeño grupo de supervivientes viven en una estación espacial sometidos a la hegemonía de una multinacional que ha logrado imponer el consumismo entre los ciudadanos. A simple vista parece que estamos ante una “sociedad perfecta” donde nadie se hace preguntas y todos están satisfechos con el devenir de su vida. Pero la realidad es bien distinta, los humanos no aceptan a la nueva especie de animales humanizados (animoides), los científicos quieren empujar sus límites y convertirse en dioses creando vida de la nada a partir de anti-materia y, un grupo rebelde, romperá la paz instaurada con manifestaciones y panfletos.

Una historia que cuenta el ocaso de una sociedad supuestamente perfecta, como lo hicieron antes los grandes escritores de ciencia ficción (Huxley, Barjavel o Wells), entre novela gráfica y ciencia ficción moderna, incluyendo las muy actuales preocupaciones sobre el futuro del medio ambiente y de nuestra especie.

Así presentaba la editorial madrileña esta obra que estuvo incluso nominada durante el 44º Festival de la BD de Angoulême 2017, mas no llegó a hacerse con ninguno de los premios oficiales. Calidad no le falta, pero ambiciona quizás demasiado para lo poco nuevo que ofrece.

Shangri-La nos invita a ser críticos con todo lo que nos rodea: Nuestros gobernantes, las noticias que nos vienen desde los medios de comunicación, la publicidad (ligada aquí de forma muy certera al sexo), los avances científicos (¿en serio?), etc.

En resumen, nos invita a hacer lo más impopular hoy en día: Pensar. No obstante, los temas sobre los que nos invita a pensar son más o menos los mismos sobre los que los grandes padres de las ciencia ficción dura (no la de serie B tipo Alien o Star Wars) nos llevan hablando desde el siglo pasado. Incluso faltan algunos, como el de las máquinas con conciencia, que aquí se deja de lado en favor de un discurso centrado en el humanismo.

Shangri-La publicidad

El sexo, elemento omnipresente en cualquier tipo de publicidad.

Se echan en falta reflexiones sobre problemas emergentes en este siglo: La igualdad/violencia de género, la crisis de los refugiados, el envejecimiento de la población, la pérdida de referentes con los que identificarse, la corrupción, la economía y el mercado global, etc.

No me malinterpretéis. Sí que se tocan temas de actualidad como el poder de las minorías, el populismo, el consumismo, o los derechos de los animales; pero a un servidor le da la impresión de que de manera muy suave, al quedar diluidos entre toda la mezcla de tópicos de la ciencia ficción del siglo XX. Un pecado de ambición que convierte la lectura de esta BD en una experiencia similar a lo que ocurre cuando te haces una ensalada con todas las sobras que te quedan en el frigo.

Shangri-La crema protectora

No hay de qué preocuparse, Scott. Si Riddick no se quemó, tú tampoco.

En este sentido, no se puede decir que Shangri-La sea rompedora ni que innove en exceso, pero tampoco que no sea una obra interesante. Resulta algo a medio camino entre un manual sobre cómo se hacían las buenas historias de ciencia ficción hace 100 años y un esquema de cómo deberían escribirse a día de hoy.

Ficción ¿sin ciencia?

El mayor problema al que se enfrenta Shangri-La al querer auparse al podio de las obras maestras del género es su forma de presentar la ciencia. Ya desde las primeras páginas en las que el Sol abrasador es capaz de quemar una capa hecha de hojarasca pero no los brazos del protagonista (cuando queda claro por el color de la escena que ya han sido alcanzados por los mortíferos rayos de la estrella) nos viene a la memoria escenas tan difícilmente creíbles como las presentadas en Las Crónicas de Riddick con la botellita de agua milagrosa que evita cualquier quemadura.

Esto no dejaría de ser un detalle anecdótico si no fuera porque más adelante tenemos fallos bastante más garrafales, como que los científicos sean capaces de terraformar Titán creando toda una atmósfera ideal para la vida pero no sean capaces de hacer lo propio y limpiar la de la Tierra,

¡peligro: Spoilers!

cuya contaminación ha desaparecido milagrosa e inexplicablemente (para sorprender al lector y porque responde al guión, vamos).

¿Qué decir de la forma tan pedestre de retratar a este colectivo? Los científicos aquí alardean de tener una ética superior a la de la empresa que paga sus salarios, pero su preocupación por la vida humana es bastante baja, llegando incluso a mostrárseles como gente sin escrúpulos capaces de hacer cualquier cosa por conseguir sus objetivos. Una vuelta más al cliché del científico loco obsesionado con su trabajo, un estereotipo tan irreal como poco superado en el mundo del cómic y por el que desde esta humilde tribuna le quiero dar una colleja a Mathieu Bablet.

Otra idea rocambolesca es el supuesto deleite de la comunidad científica con jugar a ser dios. En Shangri-La, dicha idea (que no debería tener mucho valor, pues dicen haber eliminado todo rastro de religión) se explicita de forma tan caricaturesca que todavía me estaría riendo de ella si no fuera porque conozco de primera mano lo nociva que puede ser su propagación entre la gente que no conoce el sector.

Shangri-La dios

¡Felicidades! Ahora que eres Dios, ya no tendrás problemas de presupuesto.

Un sector que en España ya tiene suficientes problemas para obtener financiación que permita pagar los sueldos de todos los investigadores asociados a un proyecto como para que estos se preocupen de cómo manipulan o no las grandes multinacionales a los gobiernos, o de tener un ejército propio. Un ejército de científicos es lo que emigra todos los años fuera de su país con la esperanza de encontrar puestos de trabajos dignos y una sociedad que reconozca su trabajo. Ahí es nada…

Shangri-La son viñetas

El cómic, como medio de expresión, presenta siempre unas limitaciones con las que hay que saber jugar. Una de las principales es la bidimensionalidad del soporte papel. En este caso, Bablet acusa cierta falta de madurez artística al no conseguir siempre salirse de ella y dar una imagen muy hierática y acartonada.

Las caras de sus personajes humanos no son tampoco como para tirar cohetes, y la personalidad del elenco se antoja tan limitada como sus rasgos faciales, cayendo en el cliché según exija el guión y envolviendo al lector en un manto de indiferencia considerable respecto a su destino final. Se entiende que Bablet escribe de forma tan extrema para hacer caer al lector en el mismo desengaño y angustia que viven sus protagonistas, pero es una forma poco elegante y un tanto barata de conseguirlo.

Shangri-La cartón

Scott Peon, o su pintura rupestre plana en la pared, preparando un exotraje

El guión también se nota verde en varios puntos que arruinan la ambientación de la obra. Por reseñar alguno, me viene a la mente la contradicción existente entre que los animoides tengan los mismos derechos que los humanos y que sin embargo tengan vetada la entrada en determinadas áreas o establecimientos de la estación. Una cosa es que sufran acoso psicológico y físico por los racistas a pesar de ser ciudadanos iguales al resto (cosa que ocurre en la vida real) y otra que la mencionada igualdad de derechos no sea efectiva. Como esta, hay un puñado de contradicciones más por toda la obra que emanan del muy legítimo deseo del autor de mostrar todas las posturas y enfoques posibles a los dilemas que plantea. Pero para lograrlo al nivel de los grandes maestros, necesita más rodaje en el medio y más páginas que las escasas 224 de este tomo.

Asimismo, hay temas muy interesantes que se tratan únicamente de pasada y darían para mucho, como el olvido/desprecio a la historia y al arte, o el ideal de que solo una sociedad educada y culturizada es capaz de gobernarse a sí misma sin ser manipulada.

Shangri-La son también aciertos

Shangri-La tiene su epicentro en una idea muy poderosa: La falta de pensamiento crítico. Toda obra que luche contra el borreguismo que impregna parte de nuestra sociedad será siempre bien recibida por quien esto escribe. Partiendo de ahí, podemos decir que Shangri-La cumple sobradamente con lo que se propone, que es incomodar al lector y hacerle reflexionar. En eso tiende efectivamente un puente hacia V de Vendetta, donde el lector no podía evitar sentirse incómodo ante cosas como la legitimación del terrorismo y otras prácticas nada éticas.

Shangri-La animales

Maravillosa la defensa de la vida que hace el animoide John.

Artísticamente también hay que alabarle un uso excelente del color y una composición de página muy impactante que da relevancia a los escenarios, construidos con un mimo y un buen hacer sobresalientes.

El retrato que hace del consumismo y de la sociedad de la imagen son igualmente soberbios. También a nivel científico destaca en puntos como la defensa de la vida que hace a través del animoide John, quien la iguala a todos los niveles de una forma honesta y racional antes de cometer el mayor acto de eutanasia animal visto en la ficción.

Al contrario de lo que le ocurre con los científicos, con las élites poderosas el autor sí que huye del tópico del gobernante maquiavélico que juega con la sociedad buscando solo su propio beneficio, enseñando aquí a una cúpula dirigente realmente convencida de estar haciendo lo mejor para su pueblo. Siempre desde su posición privilegiada, claro está. El revolucionario también se nos muestra como alguien con pies de barro, consciente de que debe vender una imagen falsa de cambio si quiere hacerse con el poder, y sabiendo ya de antemano que incurrirá en el mismo régimen manipulador que sus antecesores.

Shangri-La finalEl final de la obra es muy redondo y humano. No solo nadie gana, sino que perdemos todos (la vida, en general) y de forma violenta. Por si fuera poco, estamos condenados por nuestra propia naturaleza a repetir los errores del pasado, a volver a anhelar el consuelo de lo divino y a soñar con las estrellas.

Conclusiones

Puede que Mathieu Bablet no sea Alan Moore ni Aldous Huxley, pero desde luego es un autor lo suficientemente interesante como para que merezca la pena seguirle de cerca. Así mismo, Shangri-La no es el mejor cómic de ciencia ficción publicado en 2017 (ese honor recae de forma indudable en la magníficamente bella y redonda Mirror, de la gallega Emma Ríos) pero, ya solamente por el mal cuerpo que te deja y las horas de debate y reflexión interna que propone, merece ser leída al menos un par de veces para exprimirle todo el jugo.

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About Emilio De La Fuente Lucena

Biólogo friki de todo lo que se pueda ser friki, crítico al extremo, y de mente inquieta y retadora. Con mis limitadas capacidades, me gusta crear cosas en mis ratos libres; entre ellas artículos como los que comparto con todos vosotros aquí.

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